LA CHAVETA DE DON RUFINOSO



El profesor Don Rufinoso daba clases de historia antigua. Las piernas de Don Rufinoso abrían contínuamente las celdas de la biblioteca. Todo él respiraba viento desde la curvatura de sus pantorrillas exageradamente abiertas.

A causa del viento, el gorro blanco que usaba para dormir tenía que agarrarlo con una especie de redecilla que pertenecíó a una tía suya. La pobre había fallecido hacía poco y Don Rufinoso había dispuesto una especie de altar con sus fotos en la cómoda, encima de los calcetines.

Su camisón blanco hasta los pies y la campanilla para ver por la noche a Micifú le habían valido entre los vecinos el sobrenombre de fantoche Rufinoso.

En realidad Don Rufinoso era un dromedario sólo que él no lo sabía.

Nació entre las arenas del desierto aunque no se acordaba.

La chepa le salió un día...que tampoco recordaba y que le hacía tener que mirar hacia abajo, por lo que se sabía todos los lagos, ríos y secretos subterráneos del mundo.

No recordaba que otro día sediento tuvo que atravesar el desierto para llegar al Oasis.

Ni que allí conoció a su único y verdadero amor pero por desgracia o por cosas del destino perdió sus huellas en la arena del desierto.
Don Rufinoso suspiraba muchas veces recordando aquella dama jovencísima que como él siempre andaba rodeada de viento sujetándose con largas orquillas negras la pamela de sus rizos.

Luego se dedicó a sus experimentos y a sus alumnos, la tertulia con sus amigos los científicos y el fútbol dos veces a la semana.

La aparición de Don Rufinoso suscitó que las feromonas de los cynodontes que dormían apaciblemente en el laboratorio despertaran y se pusieran a saltar a su alrededor. Ese día las ratas de la especie cynodontes se escaparon en uno de sus descuidos del laboratorio. Hubo una epidemia de ratas cynodontes en el colegio, no como la de 1708, claro pero...

Manolita Dawn cogió una entre sus dedos por el rabo deteniéndose a mirar sus ojos encogidos por el miedo.


YO ESTOY AQUI: No cojas a la rata. Aunque sea por el rabo te puedes contagiar de la peste.

MANOLITA DAWN: No pienso contagiarme con la peste porque como dice Robelius soy una rata y no me pasará nada.

YO ESTOY AQUI: ¡No cojas a las ratas te digo! ¡No eres ninguna rata!

MANOLITA DAWN: Alguien tiene que hacerlo, si no enfermaremos todos. ¡HAS DICHO QUE SOY UNA RATA..!!! además se trata de una rata cynodonte.

YO ESTOY AQUI: ¡No eres ninguna rata...!

MANOLITA DAWN: ¿Estás seguro de que no soy una rata enorme?

YO ESTOY AQUI: Pues claro que estoy seguro. Tu no tienes rabo, las ratas sí.

MANOLITA DAWN: ¿Estas seguro de que no tengo bigotes?

YO ESTOY AQUI: Pues claro que no.

MANOLITA DAWN: Dejame un espejo para que vea que no tengo bigotes como tu dices

YO ESTOY AQUI: No seas cabezota. No tengo ningún espejo. Además, si fueras una rata no te gustarian tanto los gatos.

MANOLITA DAWN:Ah, es verdad. Adoro a Mizifú.

YO ESTOY AQUI: Exacto y si fueras una rata no adorarías a Micifú porque ya te habría arrancado la cabeza.

MANOLITA DAWN:¿Qué desagradable estás esta mañana? No sé porqué Micifú iba a hacer una cosa tan fea.

YO ESTOY AQUI: Porque tu ya no serías Manolita Dawn si no una rata.

MANOLITA DAWN: Querrás decir una cynodonte. De todas formas me da pena el profesor Rufinoso y voy a rescatarlas porque si no lo van a poner verde.

RODELIUS: ¡Manolita Dawn es tonta, Manolita Dawn no tiene sesera...!

PICOPALA: ¡Manolita Dawn quiere salvar una rata...
Empezó a llover y Estoy Aquí cantó: El patio de mi casa es particular llueve y se moja como los demás.

MANOLITA DAWN: ¡Vosotros si que no tenéis sesera!
Entonces hizo su aparición Don Rufinoso. Ese día se había equivocado y en plena clase se fue a su casa a dormir una siesta. Se presentó en camisón, con su bata y gorro blanco de dormir.
¡Aunque de pronto había recordado la fuga de las ratas cynodontes y corrió a ver...!

Se había dejado el monóculo e iba algo a tientas buscando los pequeños cynodontes.
-¡Ja,ja,ja,ja,ja! ¡Ja,ja,ja,ja,ja! Se reían todos de él.

Yo Estoy Aquí decidí adormecerme un rato entre mis fantasías, entreabrí un ojo y lo volví a cerrar harto de tanta tontería.
Manolita volvía a rescatar ratas cynodontes sin hacerme el menor caso.

El profesor Don Rufinoso roncó.¡Agcccccc!

Pero el delegado de la clase ya había ido a anunciar a la dirección el estado de equivocada somnolencia del querido profesor Don Rufinoso.

De inmediato se presentó el director:

-¡Qué horror! ¡Haremos un informe!
-¡Está para que lo encierren dijo la subdirectora!
-¡Abriremos un expediente si hace falta!
-¡Sí eso no lo podemos consentir!- Dijo la presidenta de la comisión de informes contratada por el colegio junto con los delegados.
-¡Ja,ja,ja,ja,ja!,- seguían riéndose los niños del gorro blanco del señor Don Rufinoso y de su bata blanca de dormir.
- ¡Hay demasiados informes por aquí, rumió el profesor Don Rufinoso! ¡No me gustan nada los informes, son una estupidez! ¡ Arriba los bailarines, abajo los morteros!

Y los rompió.


(Este cuento continuará en el próximo número)

Maruxa (Valencia)

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